La fuente del Demonio

24 de March del 2017

La casa del Call, situada en el rellano, en un alero de la montaña de Odèn, en un lugar privilegiado: como un mirador donde se domina gran parte de Cataluña, s'apama los pinares del Solsonès y se tiene a los pies del alta Ribera Salada, con toda su variedad de verdes, oscuros y densos, de pino negro, o bien aquellos otros más llamativos y claros que el otoño toma en rojo, en naranja y en dorado. Una gran casa donde todavía se puede captar el sabor de una cierta rusticidad, en la sala o en el fuego de rollo, con todo el encanto de una casa solariega que vivía inmersa en un estilo de vida de una gran serenidad y que sabía sacar provecho de las cosas más sencillas dándoles un carácter mágico y romántico, utilizando un lenguaje que, a pesar de su rudeza, era relleno de sinceridad y de ternura. Una casa, pero, sin agua. Había que ir a buscar a la fuente que más adelante llamarían "del demonio", y que ahora mana, mansa, dentro la entrada, en el extremo de una pila de beber, para quien quiera hacer una cata, a morro o en porrón. Aquel bien de Dios del agua, en torno a la cual nació la leyenda. Aburrida de trajinar agua de la fuente, esa moza, criada, decía que estaba harta! Todo el día arriba y abajo, cargada de cántaros y cubos. Aquel año, por la fiesta mayor de Odèn, cuando parecía que el cielo quisiera asar la tierra, por la Virgen de Agosto, en el pico del verano, la gran sala del Call hervía de parientes e invitados, y ella , venga cántaros de agua fresca! Antes, costas arriba y luego deshaciendo el camino con cubos y cántaros chorreando de agua, también para los animales de los establos. Tantos machos, mulas y burros para abrevar y ella, llena de sofocos, con el pensamiento en la plaza, fijada de algún soltero trabajador, mudado de fiesta y con los pies ligeros, con quien ya ni era necesario que pensara. Aquel año tampoco. Porque el agua enseguida hacía corto y tenía que subir a la fuente y volver a bajar, y ayudar a hacer la cena, y ...-Reixotre de dueño!, Ve que le costaría hacer una canal que le condujera el agua en casa! De costas arriba, que iría sola! - Pero no. El agua estaba lejos. Lo sabía ella!, Que estaba harta y aburrida de afilar ese camino que la privaba de ir a la romería, a triscar cuatro danzas. Todo ello por un no-nada! -Cagunlospedrer! - Todos a la plaza y ella, venga acarrear agua. Como si quisiera llenar un cesto que enseguida era seco. Picante como una mata de bichos, le dolía por el baile, y subía como una fesolera, enfurecida, a punto de tirar escaleras abajo cántaro y cubos. -Que vea que os digo: Que me daría al demonio para tener el agua al pie de su casa! - Momento aquel en que llaman a la puerta y aparece un caminante que,-valgamdéu-, también quería agua. Que dice lleva la garganta reseca. Un hombre hosco y robusto que pedía a la dueña por inquietud de la criada. -Nada, hombre, nada. Que se ha inquieto con el baile y refunfuña porque la fuente se le hace lejos. Tanto, que hace un momento se desgañitaba a decir que se entregaría al demonio para tener el agua al pie de su casa! - Una afirmación que la moza no retrocede. Que dice que se entregaría con gusto si antes de terminada la fiesta mayor el chorro de la fuente manara al pie de la puerta. -Trato hecho! - Responde el hombre. -Palabra aceptada!, Antes que en la madrugada que cante el gallo negro, tendrás el agua dentro de casa! - Y pronunciados estas palabras, el hombre sale, que dice, se le ha girado mucho trabajo. Lo que hace estallar la risa de las dos mujeres, que hacen la cena y paran mesa hablando todavía de aquel hombre tan extraño. -Un ocasional sonado-, dice la dueña. -Que si nos llevara el agua en casa no te dejaría paso ir sola al baile, que bastante te acompañaría! - Trasiego de ollas y cazuelas en los fogones. La cena a medias, y de fuera sienten un estruendo de picos y palas, pico, barrenas, rocas que resquebrajan y mazos que las desmenuzan. Las mujeres paran la oreja y parece que no pueda ser!, Al mismo tiempo que el gallinero canta el gallo blanco y, a la oscuridad de la noche, una voz arrastrada, áspera y oxidada dice:-Trabajo pase adelante! - Abren la ventana por la noche, acostada y oscura, como una manta empapada de sudor, y desde el sendero que conduce a la fuente les llega el lloriqueo de los barrenos, el trueno de los mazos y el gemido del esberladissa de rocas. Una gran tormenta bajo las estrellas que han huido del cielo. Como si el mundo hubiera perdido el seso! Aturdidas por la evidencia, procuran mantener el pensamiento sereno. Un rebaño de pensamientos los vuelta por la cabeza, y sienten un segament de piernas, como una bofetada, cuando el temple en la oscuridad tan gruesa ha desvelado el gallinero. Canta el gallo rubio, y aquella voz tan conocida, la voz de aquel hombre tan extraño que la criadita ni ha escuchado cuando ha prometido que volvería, ahora resquebrajada y aún más áspera, como si escupiera brasas de fuego y las hiciera silbar, rojo , manda:-Cada hombre trabaje por dos! - No importa, da igual todo! La tierra huele húmeda y, en el Call, la casa que hace cuesta arriba, las dos mujeres ya ni se escuchan una a la otra. Comparten el silencio, los latidos del corazón y las magallades el agujero negro de la noche. La dueña, sin embargo, no pierde la calma y, socarrona, porque se ve capaz de batir el mismo demonio, manda a la criada:-Ve al gallinero, coge el gallo negro y lo encierra de hacia el barreño-. Ese gallo, negro como un cuervo, que aterrorizado, canta antes de tiempo y en seco hace parar las obras del demonio. Antes de que, mansamente, el agua salga a la entrada, en un externos de la pila de abrevar, y hoy en día a través de un grifo artística, de hierro fundido, que Pep Call, el actual propietario, llevar de Italia. Un grifo trabajada con una cabeza de entre dragón y bestia extraña, aterrador. Como una instantánea del puesto que debía hacer el demonio al verse derrotado. Cante el blanco, cante lo rubio mientras que el negro no fuera.